El tratamiento de la salud con respecto al cáncer en nuestro país ha caído en un constante deterioro, donde la burocracia y la avaricia son un arma que extingue la oportunidad de vida de cientos de costarricenses. Por más que se denuncian los casos en periódicos nacionales, en la televisión y demás medios; el cambio no se hace llegar.
Seres inescrupulosos como los encargados del Instituto del Cáncer, se hacían merecedores de vacaciones, dietas costosas y viajes; mientras que muchos costarricenses que ocupaban de las atenciones en este “instituto especializado” se quedaban sin ellas y recibían respuestas patéticas del porque no podían ser atendidos o medicados. Hasta hace poco tiempo se desmantelo este fraude en el país, el cual nos costo millones de colones que no fueron destinados para los fondos propuestos, sino desviados y tomados para complacer lujos y un estilo de vida de personas sin conciencia humana sobre las necesidades de los demás.
Aquí no solo tenemos un déficit de estructura, sino también de voluntariado y solidaridad de parte de la población; aunque es imposible generalizar ya que hay fundaciones y personas que dan la cara por todos, llevando su labor a niveles sumamente humanitarios y caritativos. Tal es el caso de La Fundación San Gabriel, del Hospital de Niños, en donde su personal ha luchado contra todo obstáculo para ayudar y elevar una conciencia sobre la ayuda al prójimo que mas lo necesita, y que los enfermos con cáncer no se tienen que ver como casos perdidos sino mas bien como gente que necesita mas de nuestra ayuda debido al momento tan duro que pasan ellos y sus familias.
A muchos pacientes de etapas primarias de ésta enfermedad y los cuales buscan desesperadamente ayuda para combatirla, se les desanima con frases ya muy conocidas en el área médica del país como lo son: “no hay”, “el equipo está dañado”, “hay muchos esperando”, o “en la clínica, donde también trabajo, le puedo dar una mejor atención”; poniendo muy en claro como muchos de ellos, porque no se puede decir que todos, son seres fríos e inescrupulosos que se aprovechan del dolor y la necesidad ajena para obtener ganancia y elevar su ya buen nivel de vida.
Esta deshumanización se ve no solo ya en los profesionales formados, sino en los futuros profesionales, quienes estando en las Universidades no toman conciencia de la realidad nacional y entran a un mercado laboral en espera de oportunidades para generar dinero y un buen puesto. Una insensibilidad social nos lleva a ver el beneficio propio como la única satisfacción; y el camino para lograrlo no importa mientras lleguemos a una vida de poder, fama, dinero y mucho prestigio. Ya no se enseña a ser solidario ni misericordioso, sino a ver mi bienestar personal como el único fin.
Se ha llegado a tal extremo de insensibilidad, que los internos y médicos se pelean por trabajar en hospitales urbanos, mientras que los rurales son considerados como plato de segunda mesa y muchas veces realizan sus labores sin ánimos ni calidad humana por no haber obtenido el puesto en el hospital que deseaban. Aun y sabiendo de antemano que en un centro medico rural se necesita mucha más ayuda y apoyo, los médicos parecen haber olvidado su juramento de ayudar a quienes lo necesitasen sin importar la remuneración o el lugar, simplemente ayudar a quien lo necesite.
Nosotros como país, en lugar de apoyar la universalización de la salud que poseemos vamos en detrimento hacia una privatización de los servicios médicos, aun y cuando la mayor parte de la población no podría pagar un hospital privado. La CCSS va en deterioro y mismos funcionarios promueven las clínicas privadas, en las que de paso, también trabajan; dándonos una concepción muy clara de cómo por el dinero se cambian de bando las personas, aun y poniendo en peligro la salud y la vida.
No todo se trata de dinero, infraestructura y equipos; sino de concientizar al país y a los futuros profesionales sobre la ayuda y la solidaridad, y con esto lograr un avance a paso lento pero seguro en nuestro país. Si se quiere se puede, y con ayuda de todos se puede lograr mas de lo que se cree.
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